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LOS VECINOS DE CARTAJIMA MANTIENEN UNA TRADICIÓN ANCESTRAL

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LOS VECINOS DE CARTAJIMA MANTIENEN UNA TRADICIÓN ANCESTRAL

Los vecinos de Cartajima mantienen en la actualidad una peculiar tradición cuyos inicios se remontan hasta tiempo inmemorial y que consiste en que varias pequeñas imágenes de una virgen son acogidas temporalmente por los cartajimeños en sus domicilios para después ser entregadas a otros vecinos que hacen lo mismo. Por tanto, las imágenes rotan por todas las casas del pueblo.
Asunción Lagos, vecina de Cartajima, ha explicado que antiguamente en la localidad había varias capillas portátiles con la imagen de “La Milagrosa” y que todos los días cada una de ellas era llevada al domicilio de una familia diferente por los propios vecinos que las habían guardado en sus casas. Al estallar la Guerra Civil estas vírgenes desaparecieron y no fue hasta 1950 cuando el entonces párroco de la localidad, D. Francisco Rodríguez Gallego, decidió adquirir cuatro nuevas hornacinas con la imagen de la Virgen de Fátima, muy popular en esas fechas, para continuar con esta tradición religiosa del municipio.
Asunción Lagos ha indicado que los vecinos siempre le han profesado devoción a estas pequeñas vírgenes y que, una vez en sus domicilios, estos solían rezarles y depositar limosnas en una ranura con la que los altares cuentan. Antiguamente cada virgen tenía una celadora, persona encargada del buen mantenimiento de las capillas portátiles y de llevarlas a fin de mes a la iglesia para extraer los donativos recaudados. Hace algunas décadas existían cuatro listas de 30 familias cada una que indicaban qué día del mes debía permanecer cada hornacina en cada una de las casas del pueblo.
La vecina ha comentado que, debido a que la población de Cartajima ha disminuido considerablemente desde hace medio siglo hasta hoy en día, se ha decidido que sean sólo dos imágenes las que vayan rotando por los domicilios. Otro altar se guarda en la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario y el cuarto desapareció. Al haber menos vecinos, actualmente las pequeñas vírgenes permanecen más tiempo en cada casa y las personas que las tienen las ceden al siguiente en el momento que creen oportuno, es decir, no se hace diariamente como años atrás. Además, al no vivir actualmente el párroco en Cartajima, las capillas tampoco se llevan hasta la iglesia a fin de mes ni se depositan limosnas en su interior.
Asunción Lagos ha reconocido que, pese a que la patrona de la localidad es la Virgen del Rosario, todos los cartajimeños le tienen un cariño especial a la Virgen de Fátima porque forma parte de sus recuerdos y de sus vidas al haberla tenido muchas veces en sus propios domicilios. Por último, esta vecina ha querido animar a la juventud del municipio a continuar con la tradición y a prolongarla en el tiempo por muchos años más.